07 enero 2013

Maslama al-Maŷrîtî: el astrónomo más importante del siglo X

En la Edad Media apenas hay límites entre astronomía y astrología. El estudio de los astros, aparte de satisfacer el persistente ansia de conocimiento, tiene una aplicación práctica como método de adivinación, de discernir el momento oportuno para actuar y como ayuda en la toma de decisiones. Los poderosos consultan a astrólogos, quienes, a su vez, suelen ser científicos desde el punto de vista de sus conocimientos e investigaciones. Por eso no nos debe de extrañar que los dirigentes mantengan a un equipo de astrólogos a los que consultan antes de tomar decisiones tan relevantes como, por ejemplo, atacar las posiciones enemigas.

Si los soberanos pagaban un sueldo a los astrólogos, hay que creer que los consultaban y tenían en cuenta sus consejos. Un caso paradigmático es el del caudillo amirí Almanzor, hombre fuerte del califato de Córdoba entre los años 976 y 1002, responsable de más de 50 acometidas contra los reinos cristianos de la península Ibérica. Almanzor parece que respetó casi siempre la regla de emprender la marcha para atacar a los cristianos cuando el ascendente se encontraba en el domicilio de uno de los tres planetas superiores (Marte, Júpiter y Saturno), es decir, desde Escorpión hasta Aries.

Uno de los astrólogos que trabajaban en su corte fue el científico más importante del siglo X europeo: Maslama al-Maŷrîtî, Maslama el Madrileño.

Su nombre completo es Abū-l-Qāsim Maslama ibn Âhmad al-Faradi al-Hasib al-Qurtubî al-Maŷrîtî (أبو القاسم مسلمة بن أحمد المجريطي). Nació en Madrid en la segunda mitad del siglo X y murió en 398/1008 en Córdoba. Fue un verdadero sabio, el científico más reputado de Al-Ándalus, siendo  matemático, astrónomo/astrólogo y economista entre otras ocupaciones.

Son escasos los datos biográficos que han llegado hasta nosotros. Aparte del lugar de nacimiento (Madrid), conocido por su laqab al-Maŷrîtî, sólo se sabe que siendo joven estudió en Córdoba con el geómetra Abū Ayūb 'Abd al-Gāfir ben Muhammad al-Faradi y con el astrónomo y matemático Abū Bakr ben Abi Ìsa al-Ansari. Poco después, comienza su labor como astrólogo.

Además de su extensa obra, Maslama logró formar una escuela de sabios que supo difundir la ciencia por todos los rincones de la España islámica. Como muestra de la reputación que alcanzó, esto dice Sa'id al-Andalusí en su Libro de las categorías de las naciones:

[...] fue el primero de los matemáticos de su tiempo en al-Andalus, y fue más sabio en la ciencia de los cuerpos celestes y en los movimientos de las estrellas que nadie antes que él. Se interesó en la observación de los astros y se dedicó ardientemente a estudiar y comprender el libro de Ptolomeo, conocido como Almagesto.[...]
Murió en el año de la hégira 398 (1007/1008), poco antes del inicio de la guerra civil (fitna) en el califato.

Se le atribuye una hija, Fátima, que sería una ayundante en sus estudios astronómicos. Pero no existen datos históricos certeros sobre este hecho en particular.

Obra de Maslama al-Maŷrîtî

Es el primer astrónomo andalusí del que se tiene constancia que realizó sus propias observaciones astronómicas. Por ejemplo, según Zarqali, observó a la estrella Regulus (α Leonis) en el año 979 y halló que su longitud eclíptica era 135º 40'. A partir de este dato, Maslama pudo determinar la longitud de todas las estrellas fijas y, posteriormente, calculó el movimiento de la precesión de los equinoccios de 13º 10' con respecto a la época de la compilación del catálogo de estrellas del Almagesto.

Posteriormente, se dedicó a revisar y a corregir algunas de las obras astronómicas más avanzadas de su época: los movimientos de los astros expresados en las tablas de al-Battani y las tablas  (Zij al-Sindhind) de  Muhammad ben Musà al-Juwarizmi. Juwarizmi fue uno de los más afamados astrónomos persas y la adaptación de Maslama es su principal obra.  

Maslama convirtió las fechas persas (calendario solar) a las árabes (calendario lunar); algunas tablas dependientes de la localización geográfica fueron calculadas según las coordenadas de Córdoba;  fijó las longitudes medias de los astros al principio de la era de la hégira (622)  y añadió excelentes gráficos. Además, incorporó otros datos no existentes en la obra original persa, como tablas de seno y cotangente o referencias a la era hispánica. Estos cálculos sirvieron para corregir el tamaño del mar Mediterráneo y determinar su tamaño real.

Compuso un breve Tratado sobre el Astrolabio (que no se debe de confundir con un tratado mucho más extenso, de igual nombre, pero escrito por su discípulo Ibn al-Samh), que habla tanto de su construcción como de su uso. Se conservan, asimismo, algunas notas sobre el teorema de Menelao; también comentó el Planisferio de Ptolomeo, un tratado sobre la proyección esterográfica de la esfera, incorporando avances en los procedimientos para el trazado de las líneas fundamentales del astrolabio y para la localización de las estrellas fijas.

Escribió también un tratado de aritmética comercial (Mu‘āmalāt). De acuerdo con Ibn Jaldún, trataba sobre ventas, impuestos, catastros y utilizaba operaciones aritméticas, algebraicas y geométricas

Por último, se le atribuyen erróneamente obras de carácter mágico o alquímico como el tratado Rutbat al-ḥakīm (El rango del sabio) y el Ghāyat al-hakim (Liber Picatrix o El objetivo del sabio). Realmente son obras de Maslama ben Qasim al-Qurtubi (m. 353/964). 

Sus obras tuvieron una gran influencia sobre la Europa cristiana en sus traducciones latinas posteriores. 


La escuela de Maslama al-Maŷrîtî

Maslama logró crear una escuela de matemáticos y astrónomos cuya influencia se extendió por todo al-Ándalus y que perduró durante unas tres generaciones. Algunos de sus discípulos más importantes fueron:
  • Abū-l-Qāsim Asbagh, conocido como Ibn al-Samh (m. 1035)experto en aritmética y geometría, en astronomía y con conocimientos médicos. Publicó un extenso tratado sobre la construcción y uso del astrolabio; tablas astronómicas construidas según los métodos indios entre otras obras; y el Libro de los planetarios, que siglos después fue mandado traducir por Alfonso X de Castilla como Libro de los instrumentos de las láminas de los siete planetas.
  • al-Kirmānī (m. 1066), matemático y médico cordobés, realizó viajes por Mesopotamia y se instaló finalmente en Zaragoza.
  • Ibn al-Jayyat (m. 1055), astrólogo varias veces citado en las memorias del rey zirí ’Abd Allāh.
  • Abū-l-Hasan Ali ben Sulayman al-Zahrawi (m. 1036), médico cordobés, inventor de varias herramientas de cirugía y autor de varias obras del mismo tema.
  • Abū Muslim ibn Jaldūn (m. 1057), matemático, astrónomo y médico sevillano.
  • Abū Bakr ibn Bashrun (m. 1052), escribió un tratado de alquimia.
  • Abū Utman Saìd al-Bagunis (m. 1052), médico toledano.


Su predicción del fin del califato de Córdoba

Maslama pronosticó el fin del califato y los detalles de cómo iban a ocurrir mucho antes de que tales hechos pasaran. Maslama observó el eclipse híbrido de sol del año 1004 (parcial en la latitud de Al-Andalus), luego la aparición de una supernova en el año 1006 (SN1006) y también sabía que iba a ocurrir la conjunción de Júpiter con Saturno (llamada también gran conjunción) en el signo de Virgo.




De todos estos hechos, dedujo que estallaría la guerra civil, y del último, en concreto, que, por ocurrir en un signo bifaz los soberanos que gobernaran durante la misma tendrían dos reinados distintos. Y así fue: de todos los califas que se sucedieron en el trono cordobés desde el 16 de Yumada II / 15 de febrero de 1009 hasta el año 423/1031, cinco volvieron al poder después de haber sido depuestos una primera vez.

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